5.La contribución de Rumanía en el concierto europeo. La búsqueda de su imagen
Es muy importante reflexionar también sobre el otro sentido de la integración europea: ¿Podrá Rumanía tener algún papel en los procesos de aplicación y profundización de la UE?
La premisa de la que partimos es que, en la UE, el atributo más utilizado – desde el punto de vista de la soberanía de los Estados miembros – es la capacidad de influir en las decisiones tomadas al nivel europeo, mediante negociaciones, de tal manera que se pueda participar directamente en el diseño de las políticas europeas, en otras palabras, convertirse en un factor activo en el proceso de construcción europea, pero manteniendo al mismo tiempo, su interés al nivel continental. Intentaremos exponer cómo Rumanía podrá imponer su punto de vista en la UE, y qué contribuciones político-económicas podrá aportar este país al nivel europeo.
La misión propuesta parece sumamente difícil. El grado de dificultad reside en el doble aspecto del problema: por un lado, Rumanía tendría que convencer a la UE que aceptara plazos más flexibles de negociación y una aplicación más tardía de las previsiones del acervo comunitario (para ganar tiempo en cuanto a la preparación para la competencia del Mercado Único de la UE), y, por otro lado, tendría que identificar algunos de sus sectores para proponerlos a la UE como intereses legítimos, demostrando que su desarrollo creará ventajas al nivel comunitario.
En el marco de las negociaciones para la adhesión, Rumanía, por ahora, no llegó a debatir la aplicación de las previsiones normativas europeas, sino sólo el plazo “de gracia” que la UE se lo otorga hasta el momento en el cual le requerirá la aplicación integral del acervo comunitario.
Tal vez, la UE deberá manifestar algo más de comprensión frente a Rumanía, actualmente, el menos desarrollado país entre los candidatos a la integración. Lógicamente, se impone una creciente atención por parte de la Unión y el otorgamiento de ayudas más sustanciosas que a los demás candidatos. En este sentido, la UE tendrá una tarea bien difícil, puesto que países como Portugal, España, Grecia o regiones de Italia, estarán poco de acuerdo con la disminución de las contribuciones de los Fondos Estructurales y de Cohesión que reciben en la actualidad. Está ya demostrado el hecho de que todos los candidatos del Este serán sobre todo consumidores, más que contribuyentes al PIB de la Unión. El presupuesto para los Fondos Estructurales en el periódo 2000-2006 es de 195 mil millones euro. El presupuesto del Fondo de Cohesión – que financia los proyectos para las regiones más pobres de la Unión – añade 18 mil millones euro, para el mismo periodo. De estos candidatos, el 70% se destinan a los llamados “Objetivos 1” de la UE, es decir, a las zonas menos desarrolladas, donde el PIB per cápita es menor del 75% de los Estados de la UE (Mann, M., 2002). Con la entrada, en 2004, de 10 nuevos Estados en la UE, el PIB europeo disminuirá un 13% y, 15 regiones europeas de Portugal, Grecia, España y el Este de Alemania dejarán de cumplir los criterios del Objetivo 1. Por consiguiente, una “tarta” de casi las mismas dimensiones, deberá repartirse a 25 Estados, en vez de a 15, como hasta ahora.
El establecimiento de una economía de mercado funcionable será un proceso lento y difícil, agravado por el período de la dictadura y de la economía dirigida por el Estado que vivió el país durante más de 40 años. Los procesos de apertura internacional, privatizaciones, desregulación de la industria, los mercados financieros, el libre flujo de capitales están avanzando, pero sus frutos tardarán aún en madurar. Así, al igual que la experiencia española, los ajustes necesarios para la modernización de la estructura económica se traducirán en un freno en el proceso de convergencia con la UE, e incluso en un retroceso, que ya está teniendo lugar. La misma experiencia española nos muestra que hay luz al final del túnel y que este proceso es necesario para impulsar la eficiencia de la economía y el crecimiento potencial, que permitan posteriormente avanzar en la convergencia real.
La cuestión de la agricultura es la más disputada cuando se trata de la adhesión de los Estados del Este. Con la excepción de los Estados Bálticos y de la R.Checa, los demás países tienen sectores agrícolas muy importantes. Una gran parte de la población de estos Estados trabajan en la agricultura y las economías nacionales dependen de la producción de este sector, mientras que su potencial en países como Polonia o Rumanía es considerable.
Sin entrar en el debate sobre las negociaciones del capítulo agricultura, mencionamos sólo que la UE debería encontrar una solución para los países candidatos, incluso para los de la segunda ola, para que éstos, a su vez, pudieran desarrollar mejor el sector. Tal vez, animar a los países candidatos a cultivar y comercializar en el mercado de la UE frutas de bosque o productos ecológicos de origen animal, sería una de las múltiples soluciones. Lo cierto es que en el caso que nos ocupa, la UE tendría que identificar junto a Rumanía algunos sectores agrícolas que la economía rumana pudiera desarrollar mejor.
Otro sector en el cual Rumanía debería cooperar con la UE es el derecho de propiedad sobre los terrenos. Como los demás países candidatos, Rumanía solicitó un plazo de 15 años desde el ingreso en la UE, en el cual los ciudadanos europeos tuvieran prohibido la adquisición de terrenos en el país. Evidentemente, las autoridades rumanas temen que los alemanes, austriacos o franceses se apoderasen de los terrenos del país.
En lo que se refiere a los sectores que Rumanía quiere destacar para su promoción, se deberían aplicar políticas coherentes hasta su ingreso en la UE y fortalecer su grado de competitividad. Un buen ejemplo lo constituye el sector de la informática. Este ámbito registró un crecimiento importante y la legislación mejoró mediante la adopción de la Ley electrónica y de la lucha contra la piratería. Rumanía tiene especialistas preparados en este sector, la fuerza laboral es aún barata y bastante fácil de encontrar. Los productos rumanos, como los programas antivirus, consiguieron imponerse a nivel europeo y mundial. Por lo tanto, existen premisas pero deben concebirse y aplicarse una política concertada en este ámbito.
Otro ejemplo podría ser el de la producción de alimentos ecológicos. Rumanía puede imponerse en el mercado mediante la producción de alimentos ecológicos, pero para hacerlo, debería fortalecer sus estándares de calidad y de protección del medio ambiente. El potencial existe y tiene que explotarse de una manera favorable. Es bien conocido el hecho de que los productos obtenidos biológicamente, es decir, sin utilizar abonos y otros procedimientos artificiales, se venden en el espacio de la UE, a precios altos.
En lo que se refiere a las instituciones comunitarias, según el Tratado de Niza, ya ratificado en el 2002, Rumanía tendrá 14 votos en el Consejo, 33 escaños en el Parlamento Europeo, 15 miembros en el Comité Económico y Social y otros tantos en el Comité de las Regiones.
Lo cierto es que Rumanía podría tener una influencia respetable en Europa, si los parámetros no cambiasen hasta el 2007, año previsto para el ingreso del país en el club europeo. Según las teorías actuales, el país podría ser un actor importante en la toma de decisiones y su opinión contaría en el ámbito de la Unión. Pero para sostener de manera eficaz sus puntos de vista, Rumanía deberá buscar aliados que compartieran las mismas convicciones. En este sentido, las autoridades rumanas tienen como tarea, la identificación de los sectores que deberán promocionar y de los socios que desearán tener, para que, de esa manera, el país encontrase su voz en Europa. Asimismo, tendría la oportunidad de pasar de ser una desconocida de poco peso e importancia, a formar parte de los países más activos del continente.
La decisión de la UE de incluir a Rumanía en sus esquemas a partir de 2007, constituye un desafío sin precedentes en la vida política y social del país. Por primera vez en su historia, Rumanía tendrá la posibilidad de participar al futuro de Europa, de manera democrática, pacífica y eficaz. Si las autoridades rumanas no tomarán conciencia de esta nueva responsabilidad y no proyectarán una posición pro-activa de Rumanía en la UE, el país arriesgará otra vez su imagen y será condenado a la posición de periferia o de satélite del continente.
Rumanía puede, desea y tiene que implicarse, asimismo, en las cuestiones vinculadas al futuro de la seguridad de la UE. En tal sentido, demostró que puede ser un aliado de confianza, que puede mantener la paz y el orden en las zonas más conflictivas del mundo. Las misiones de paz desarrolladas por el ejército rumano en Bosnia, Kosovo o Afganistán, la participación de Rumanía en la Fuerza de Reacción Rápida de la UE, o la reciente invitación que recibió para ingresar en la OTAN, ponen de manifiesto el compromiso de Rumanía a favor de la paz y de la seguridad en Europa y en el mundo.
En la lucha contra la criminalidad transfronteriza a nivel regional, Rumanía tiene que potenciar al máximo sus ventajas estratégicas, asumiendo las responsabilidades de cooperar activamente con la UE en acciones contra el narcotráfico, el tráfico de personas o el blanqueo de dinero.
Probablemente, el objetivo político europeo más difícil de promover, será el mantenimiento de las relaciones privilegiadas con la República Moldavia. A pesar de las tensiones actuales, Rumanía deberá encontrar la vía para mantener la democracia, el espíritu europeo de colaboración económica y el respeto de los derechos humanos en este Estado. CONCLUSIONES:
Como síntesis, vamos a subrayar una serie de aspectos importantes de este análisis: El concepto de soberanía tuvo una evolución irreversible a lo largo de los años. La historia nos enseñó que la solución de la cooperación internacional, creada en el marco de la UE y perfeccionada en los últimos 50 años, fue la mejor. Los Estados miembros de la UE se encuentran en una mejor posición que si no hubieran tenido el conglomerado de Tratados y convenios (el acervo comunitario), mediante el cual, transpusieron al nivel continental algunos de los atributos de la soberanía nacional. Para el futuro, una de las más viables soluciones de la UE será la adopción de un sistema de soberanía compartida con los Estados miembros, pero centrada en los ciudadanos de Europa.
En lo que se refiere a Rumanía no podrá eludir la lógica de la ampliación europea. Tal como afirmamos, las influencias del sistema separarán la capacidad de Rumanía de imponer ciertos estándares, o modelos económico político-sociales. Una vez entrada en la UE, Rumanía deberá aprender “el baile” europeo para obtener el consenso en los asuntos de interés nacional y europeo.
En el período que sigue, durante las negociaciones, es de esperar una ola de euroescepticismo en Rumanía, motivada por los costos de la adhesión que conllevaría a los beneficios sólo dentro de un período de tiempo bastante amplio, a un mejor conocimiento por parte de los ciudadanos de las implicaciones de la adhesión, a la incapacidad de cualquier gobierno sucedido en el poder de controlar los fenómenos macroeconómicos, factores culturales, en el sentido sociológico (modo de vida, distintas percepciones).
Para evitar el riesgo de que la UE se conviertiera en el mayor temor para los rumanos, sería necesario un mejor conocimiento de las implicaciones de la adhesión a nivel del ciudadano de a pie. Los Gobiernos de Rumanía, (el actual y el futuro) deberán aprender a colaborar con las instituciones europeas, para poder reflejar la eficiencia macroeconómica y controlar mejor los fenómenos de inmigración y trasfronterizos (el tráfico ilegal de personas y de mercancías prohibidas).
Rumanía debería establecer sus ventajas comparativas y negociar estrechamente los plazos de aplicación del derecho comunitario sobre los ámbitos que más le interesa promover. El conocimiento del debate real de la UE constituye una condición para la salida del aislamiento del debate interno rumano, es decir, del estado de “fortaleza nacional” destinado a defender la frontera cultural “amenazada” por el materialismo de la UE. Otro imperativo importante lo constituye el conocimiento de la historia posbélica occidental y de la experiencia concreta de la transición en los países vecinos.
Los medios de comunicación, junto a la sociedad civil tienen, asimismo, una responsabilidad importante. Los primeros deben preparar a la sociedad para la integración, presentando de manera objetiva las ventajas y desventajas de este proceso. La sociedad, a su vez, debe despertar de su sueño, más bien letargo de la última década, para contribuir a la creación del espíritu cívico europeo activo y responsable, que facilite la integración social de los rumanos en una civilización regida por la libertad, el trabajo y el respeto por los valores democráticos. Asimismo, el pueblo debe comprender que las responsabilidades que tiene son fuente de ventajas y fortalezas, porque si no lo hace, nunca enfocará adecuadamente cuál es el papel de Rumanía en el mundo. Porque en definitiva, lo que un país acabe siendo dependerá de lo que se haya propuesto ser
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