3. Panorama social y cultural
El ingreso de Rumanía en la UE supondrá un cambio de actitud de la sociedad. Este proceso tardó hasta la actualidad, por la falta de una experiencia directa en lo que concierne la realidad social de la UE, debido en gran parte al mantenimiento de la obligatividad de los visados para los rumanos, un tiempo bastante amplio (hasta enero de 2002). La relación con la UE fue mediatizada por los medios de comunicación que indujeron una imagen ideal de la UE. Por lo tanto, el “choque” puede resultar doble para la población: por un lado, la adhesión en sí mediante esquemas diferentes y, por el otro lado, la diferencia entre la imagen ideal de la Unión y la realidad.
La soberanía constituye un tabú, debido a las dificultades con las que se consiguió. En el momento en que se constataría que existiesen “amenazas” concretas, la población reaccionaría, tal vez a la manera de los agricultores polacos. Como ejemplos rumanos se pueden ofrecer las diversas privatizaciones de algunas de las grandes empresas y combinados, como “Tepro – Iasi”, “Sidex-Galati”, que dejaron en paro a miles de trabajadores, o las huelgas que se sucedieron en la empresa “Daewoo” de Craiova. Si hasta ahora no aparecieron reacciones negativas hacia la UE, o hacia la ampliación, es porque la población no vincula aún sus problemas con la UE. Pero las tendencias contradictorias en el plano de la política económica y social de la UE se hacen presentes cada vez más en Rumanía, en el lenguaje y en las condiciones mencionadas en los análisis periódicos de la Unión.
El estereotipo encontrado en los análisis que conciernen la imagen de Rumanía dice que los rumanos tienen una opinión muy buena sobre sí mismos y critican a los extranjeros, siendo ello, por otro lado, el mecanismo de formación de percepción en la psicología social.
La percepción negativa de Rumanía en la UE se creó en base de los últimos años del régimen de Ceausescu, en su sustitución por el ex - comunista Iliescu que aún se mantiene en el poder, y en la violencia de los primeros años de la transición. Basta con mencionar el sumario proceso de Ceausescu, las manipulaciones de Timisoara y de Bucarest, las marchas de los mineros hacia la capital, las presiones contra los partidos históricos y contra el rey Miguel, y, no por último, los problemas creados por la emigración económica rumana en el Occidente. Los medios de comunicación occidentales reforzaron, a su vez, la imagen negativa mediante clichés como la extensión de los acontecimientos de la ex – Yugoslavia sobre toda la región de los Balcanes. Desgraciadamente, la imagen negativa fue tan profunda, que algunos rumanos afincados en Occidente se avergonzaron y lo siguen haciendo al reconocer su nacionalidad. Pero esta percepción negativa está a punto de cambiar, a favor de una imagen más favorable que, aunque lentamente, el país empieza a tener en el Occidente.
Según Wingrove, “Rumanía tiene que aprender a mirarse en el espejo, pues aún no sabe distinguir sus ventajas y cualidades, tal como lo consiguieron otros países del área” (Wingrove, D., 2000,). El mismo analista afirma que la imagen actual de Rumanía está vinculada al lado oscuro del espejo, posición fomentada más por la percepción exterior que por la realidad objetiva de sus errores internos. Pero la conciencia de cara al futuro no se definió todavía en Rumanía, siendo sustituida por un discurso formal o de pancartas. Por ello, en el contexto de la adhesión a la UE, se necesitan “los mitos” positivos, porque si no, se corre el riesgo de la descomposición de la sociedad rumana.
La principal fuente de un euroescepticismo difuso en la población, expresado en el mejor de los casos por la indiferencia política, lo ofrece el hecho de que “la Rumanía actual es un país pobre, puesto que, casi el 70% de sus habitantes son pobres, en comparación con los de los países desarrollados” (Miroiu, M., 2001).
Los efectos sociales negativos de la transición no tienen que atribuirse sólo a las presiones neoliberales externas, sino también al conservaturismo interno que tuvo como efecto la anarquía socioeconómica que siguió un modelo abstracto inexistente en el Occidente. El punto de partida en el desarrollo de este tipo de conservaturismo con efectos sociales lo constituye, en opinión de los estudiosos, el tipo de revolución en la Europa del Este, o las llamadas “revoluciones conservadoras”, según la fórmula de Ralf Darhendorf. Según él, el conservadurismo tiene dos tipos: el tipo abierto que desea una reforma moderada y el “cripto” que desea el mantenimiento de los estándares occidentales. (Darhendorf, 1993,).
Vamos a analizar, a continuación, el impacto social del conservadurismo rumano, haciendo hincapié en los posibles efectos indeseados de este tipo de ideología disfrazada en cuanto al acercamiento real de Rumanía a los estándares de la UE.
Si el llamado neo o pos comunismo estuvo bastante analizado hasta la actualidad como tendencia conservadora que frena la reforma y, de esta manera, bloquéa la integración, este tipo de análisis contrasta con la realidad política actual, cuando este género de corriente gira alrededor del proceso de negociación de Rumanía con la UE.
¿Dónde tenemos que buscar el error del análisis? ¿Cambió tan radicalmente la corriente poscomunista o su catalogación fue un error desde el comienzo? Y, para aplicar la metodología comparativa, nos vamos a referir al caso de las elites magiares poscomunistas. La sociología magiar teorizó desde el período comunista la aparición de una nueva clase, la tecnocracia formada por miembros de la nueva generación comunista. El carácter del comunismo rumano, comparado con el totalitarismo de tipo norcoreano, la violenta revolución de Rumanía y la radical escisión de la elite poscomunista impusieron el análisis ideológico de la existencia de una brecha derecha-izquierda, ocultando las fuentes comunes de reclutación de las elites poscomunistas, el tipo real de rupturas políticas y la diversidad interna de los dos polos presentes, neo comunistas y demócratas de derecha. Más grave aún parece el hecho de que este análisis ignoró la presencia de un fenómeno común en la Europa del Este, es decir, la aparición de una clase de tecnócratas en las filas de la generación joven del Partido Comunista, que ya no podía catalogarse como izquierda y que, por lo menos, en Hungría, se transformó en en el socio natural de los organismos europeos y se convierte cada vez más en el promotor de su conservadurismo nacionalista (Bozoki, A., 2002).
Si en Rumanía hubiese existido sólo disidentes aislados como alternativa al poder comunista, esta nueva clase empresarial no hubiese debido aparecer. El conflicto entre generaciones en el caso de las elites provenientes del antiguo Partido Comunista se volvió real en el caso rumano, apenás después de las elecciones del 2000, cuando surgió también el reparto “bipolar” artificial en la escena política rumana. Para nuestro análisis, el elemento esencial es que no debemos esperar medidas sociales espectaculares por parte de la nueva clase empresarial, que aún se presenta con la etiqueta de izquierda.
Pero paradójicamente, aunque el objetivo principal que se persigue es la adhesión a la UE, el tipo de reformas necesarias tiene consecuencias sociales significativas, que podrían tener efectos negativos sobre dicha adhesión.
Las mismas consecuencias sociales negativas se generan mediante una forma derivada del conservaturismo rumano tradicional de las elites del antiguo, caracterizado generalmente por la distancia e indiferencia frente a la población. Este tipo de conservadurismo es, según el análisis de Mihaela Miroiu, “la tendencia cripto-conservadora en relación con los estándares de las democracias liberales avanzadas, que contienen proyectos de emancipación, pero nutren las tendencias de exclusión o marginación social de algunas categorías de personas” (Miroiu, M., op.cit.) Esta tendencia llevada hasta los extremos genera elitismo, y está acompañada de irresponsabilidad frente al pueblo, una tendencia antebélica destacada por muchos analistas del fenómeno de modernización de Rumanía del siglo XIX, como Catherine Durandin y Claude Karnouth.
La política ética de la CDR (Convención Democrática Rumana) reproduce diez años más tarde, un fenómeno Est-europeo más general. La falta de experiencia política democrática de las fuerzas políticas éticas, las alejó del poder en toda la Europa del Este. La ventaja de estas tendencias consiste, no obstante, en el hecho de que pueden proponer un proyecto político en el registro de la política simbólica, absolutamente necesario para el mantenimiento de la cohesión social en el contexto de la transición, en comparación con la tecnocracia, que no puede ofrecer nada en este sentido.
Como consecuencia del euroescepticismo rumano, el más grave hecho es la falta de una estrategia propia, de un proyecto que, consciente de la marcha de las cosas en Europa y en el mundo, produzca los cambios necesarios, buscando desde el realismo, un lugar seguro para Rumanía en el concierto de las naciones europeas. Esta visión estratégica, que otros Estados de la Europa Oriental la tuvieron más o menos dibujada, basada en los principios político-sociales europeos, pero también en las ventajas comparativas al nivel económico, faltó y falta contínuamente en Rumanía. Palabras clave como “modernización”, “competencia”, “competitividad”, “beneficio”, “contrato social”, “investigación autóctona”, y que deberían ofrecer respuesta a la pregunta: ¿qué imagen tendrá Rumanía dentro de 20 años?, no se incluyen en el vocabulario de desarrollo del país.
domingo 1 de junio de 2008
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